Día a día

MEDITACIONES PARA LA NOVENA A MARIA CONTRA EL CORONAVIRUS

Puede comenzar esta novena en el día que más le convenga.

Dia 1 – «Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de gozo al contemplar la bondad de Dios, mi Salvador.»

En su Magníficat, María evoca precisamente quien es su Salvador: es Dios mismo. En todas nuestras pruebas, Él es nuestro único recurso, nuestra Roca, Aquél que nos tranquiliza. Sigamos el ejemplo de María, volvamos nuestro corazón hacia Dios, eligiéndole cada día como nuestro único y todopoderoso Salvador. Deslicémonos debajo del manto de María, para cantar con ella una acción de gracias, puesto que sabemos que nuestra oración es escuchada.

Dia 2«Porque ha mirado la humildad de Su sierva y por eso me llamarán feliz todas las generaciones.»

Es fácil para los que sufren pensar que Dios los abandonó… María nos recuerda que Dios se preocupa por todos, especialmente de los más pequeños, de los más humildes, de los que son tan pequeños que nadie se preocupa por ellos. Ella misma profetiza que la historia la mencionará como modelo, que se la invocará como “Bienaventurada”. La historia no la ha olvidado, nosotros tampoco la hemos olvidado. Pidámosle que se acuerde de nosotros cuando ora a su Dios, nuestro Dios.

Dia 3«Pues ha hecho grandes cosas en mi favor, Su nombre es Santo»

El que María y la Biblia califican de Santo, el único Santo, el único Señor, no desprecia a sus criaturas. Puede hacer maravillas y realiza lo que parece imposible. Lo hizo para María, y lo hace para cada nueva generación. Pidámosle a María de fortalecer nuestra fe para que las maravillas del Señor sigan renovándose en nuestras vidas y en el mundo.

Dia 4 – «Su misericordia se extiende de generación en generación, a todos cuantos le temen».

Tener “temor de Dios” significa sentirse pequeño frente a Su grandeza. Pero la grandeza de Dios no nos mantiene apartados de Él. Al contrario, Él pone Su grandeza al servicio de nuestra salvación. Cuanto más pequeños seamos, reconociendo nuestra pequeñez y Su grandeza, más el Señor puede extender Su misericordia sobre nosotros y salvarnos de todas nuestras miserias. Presentemos al Señor, con confianza, todo lo que nos inquieta.

Dia 5«Desplegó el poder de Su brazo y dispersó a los soberbios de corazón»

Los soberbios son las personas que creen que pueden prescindir de Dios, salvarse ellos mismos, ¡y piensan que pueden hacerlo! El hombre es efectivamente capaz de grandes cosas, y no debe escatimar esfuerzos para luchar contra las enfermedades. Pero los esfuerzos de su inteligencia no deben hacerle olvidar que sólo es el Señor el que salva: es Él quién nos da la inteligencia, pero también es Él quien actúa eficazmente a través de nosotros. Y, sobre todo, Él nos salva para la eternidad, más allá de la muerte. Pedimos a María que nos ayude a no olvidar jamás nuestra vocación a la beatitud eterna en Dios.

Dia 6«Derribó del trono a los poderosos y elevó a los humildes».

Cuando Dios actúa, nuestra lógica humana se desorienta: los pequeños son elevados, no debido a sus méritos, sino por la gracia de Dios en ellos; quienes se creían invencibles descubren sus debilidades, y eso los lleva a dirigirse a Dios, quien les espera y les llama. Lo esencial es dejar actuar (a Dios), dejarse conmover. Nuestras dificultades pueden servir para ello: quitarnos las certezas demasiado humanas, hacer crecer nuestra fe en Dios que quiere elevarnos a todos, como elevó a su Hijo después de Su pasión y su muerte en cruz.

Dia 7«A los necesitados los llenó de bienes y a los ricos los despidió con las manos vacías».

Como humanos, nada puede llenarnos. Solo el Creador puede hacerlo. Perseguir las riquezas humanas, es como condenarse a necesitar siempre más. Pero mantener nuestras manos abiertas y dejar que el Señor las llenan, es ofrecer la posibilidad de ser satisfechos eternamente. Que nuestra oración sea generosa, más allá de nuestras necesidades inmediatas: que se abre a las necesidades de los demás, y a nuestra necesidad de ser felices eternamente.

Dia 8«Exaltó a Israel su siervo, por su gran misericordia y bondad.»

El amor de Dios es desde siempre y para siempre; Él no olvida, Él quiere levantarnos. Es lo que hizo Jesús en cada lugar en donde se fue. Hoy todavía, el amor de Dios es la fuente de nuestra confianza en Él. Como María, abramos nuestros corazones para impregnarnos del amor que brota del Corazón de Dios.

Dia 9«Así como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y a su descendencia por los siglos de los siglos.»

La promesa de Dios sigue siendo válida. Prometió una tierra a Abraham y a su descendencia. Esta Tierra Prometida está en el Cielo, en donde Jesús nos precedió, en donde ha acogido a María. Pidámosle a María que ore por nosotros ahora y también en la hora de nuestra muerte. Pidámosle que ore para los que mueren hoy día, para que los asista en su viaje. “María, Puerta del Cielo, garantiza el camino hacia el Padre a todos tus hijos, especialmente a los que parecen más alejados de Él”.